El Apóstol Salvador Mitogo Obiang condujo una charla en la comunidad de Nkuantoma, distrito de Bata 2, con el tema “La vida después de la muerte, según la doctrina nuevoapostólica”.
Muchos hermanos y hermanas de Bata asistieron a esta charla ofrecida en ocasión a la celebración del primer Servicio Divino en ayuda a los difuntos del año 2026. El tema de la charla fue muy interesante para los participantes.
Nuestra doctrina sobre la muerte
El Apóstol inició la charla resaltando que, abordar sobre la vida después de la muerte siempre ha creado ciertos debates; por lo que el objetivo de esta charla no es reforzar nuestras creencias o prácticas tradicionales, sino más bien es para orientarnos y ponernos a la luz del Evangelio de Jesucristo. Los seres humanos están compuestos de cuerpo, alma y espíritu. El cuerpo es mortal pero el alma y el espíritu son inmortales. La muerte física no es el final de la existencia del hombre, sino simplemente la separación del su cuerpo y su alma y espíritu. El cuerpo vuelve al polvo, y el alma y el espíritu van al mundo del más allá. Una vez allí, las almas pueden encontrarse en dos ámbitos diferentes: algunas pueden encontrarse en un lugar de paz y otras pueden encontrarse en el lugar de tormentos, dependiendo de su relación con Dios. El Apóstol mostró sus discrepancias para con la creencia en la reencarnación, explicando que el proceso de la vida humana es lineal. Según nuestra doctrina, la vida humana comienza en el momento de la fecundación; desde allí coexisten el cuerpo, alma y espíritu. Cada ser humano es único e irrepetible.
Estados de las almas en el más allá.
El Apóstol explicó que algunas almas en el más allá se encuentran como en un estado de “oscuridad”. La muerte no cambia automáticamente el estado del alma, pero su estado puede cambiar si aceptan la gracia de Cristo con fe. La puerta de la salvación no está cerrada por fuera, sino que depende de la decisión del alma de abrirse a la luz de Cristo. Los servicios divinos en ayuda a los difuntos son una oportunidad para que aquellas almas que se encuentran en la “oscuridad” puedan acercarse a la luz de Cristo y hallar la redención. Las oraciones de intercesión de los vivientes pueden ser un apoyo para alcanzar dicha redención y salir de la lejanía de Dios. Orar por los difuntos no debe confundirse con la invocación a los espíritus; la Biblia lo desaprueba (Deuteronomio 18:11). Jesucristo es el único Mediador entre los hombres y Dios.
Metáfora de la luz en la oscuridad
El Apóstol explicó la metáfora de “la luz en la oscuridad” para ilustrar cómo las intercesiones y la fe pueden guiar a las almas en el más allá hacia Jesucristo, sin obligarlas a hacerlo. Enfatizó que las intercesiones deben realizarse con amor y fe para que sean efectivas, comparándolas con una luz que puede atraer a las almas hacia la luz de Cristo. Finalmente, citó referencias bíblicas sobre los tres Sacramentos administrados por los Apóstoles para los difuntos.
La fe en Jesucristo nos hace libres del miedo
Los actos visibles realizados en la tierra, tales como la donación de sacramentos a los difuntos, son signos del amor invisible de Dios y benefician espiritualmente a los difuntos. En algunas culturas se cree que los muertos pueden ejercer alguna influencia sobre las vidas de los vivos. Algunos creen que pueden estar viviendo circunstancias desfavorables como consecuencia de alguna maldición causada por el enojo o descontento del espíritu de algún muerto. En ocasiones muchos ofrecen sacrificios para liberarse de dicha maldición, o pueden involucrase en algunos rituales que, por su convicción les mantienen a salvo. Muchos sueñan con muertos y creen en la certeza de dichos sueños, lo que crea en ellos un miedo. La fe en Jesucristo nos hace libres del miedo. Como cristianos no necesitamos vivir atemorizados. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7)”.
Mantener algunas tradiciones de nuestra cultura
El Apóstol explicó la importancia de mantener algunas de las buenas tradiciones de la cultura africana; sin embargo, deberíamos rechazar las prácticas que no van acorde al Evangelio de Jesucristo. Para explicarlo usó la metáfora de un árbol con raíces profundas, pero con malezas en algunas ramas. Lo apropiado sería podar las ramas con malezas y no destruir el árbol por completo. Por tanto, se puede mantener la identidad cultural que no contradiga el Evangelio de Jesucristo, mientras se fortalece la fe cristiana. El Apóstol invitó a los hermanos a abandonar algunas celebraciones tradicionales, como las defunciones y otros rituales; porque aquellas están basadas en la creencia de que los hombres son los mediadores y ellos intervienen directamente en el rescate del muerto que se encuentra en el lugar de tormentos. Jesucristo es el puente exclusivo y necesario para alcanzar la salvación (1 Timoteo 2:5).
Algunas preguntas de los participantes:
Las explicaciones del Apóstol despertaron gran interés entre los presentes. He aquí dos ejemplos de preguntas y respuestas: ¿Es una práctica correcta la celebración de aniversarios de nuestros muertos? Como hijos de Dios, debemos saber que lo más importante es orar por el estado espiritual de las almas de los difuntos. Es posible que nuestras oraciones dirigidas con la posición correcta de corazón, puede ayudar a nuestro difunto a salir de la lejanía de Dios. Hay muchas celebraciones que no tienen ningún impacto en el estado espiritual de las almas necesitadas de redención, sino que son simplemente una superficialidad. ¿Los muertos tienen conciencia? Siempre debemos leer los escritos del Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento. Con la parábola del rico y Lázaro, Jesucristo nos explica sobre el estado de las almas en el más allá (Lucas 16: 23-31). Allí nos hace ver claramente que el hombre rico tenía conciencia. Por tanto, en base a las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, podemos afirmar que los muertos tienen conciencia de su estado y Jesucristo les ofrece gracia y una oportunidad de cambio.