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24 de abril de 2026

Cuando los niños preguntan “¿por qué?”, se inicia un diálogo importante. Para ello no se necesitan respuestas perfectas, sino un acompañamiento creíble en el día a día de la familia. 

Como padres, a menudo nos enfrentamos al reto de transmitir a nuestros hijos la fe en Dios de una manera comprensible y, al mismo tiempo, cercana a la vida real. Una de las preguntas más difíciles que pueden hacer los niños es: “¿Por qué Dios no hace que todo sea bueno?”. Esta pregunta preocupa a muchos teólogos, ya que toca el núcleo de la fe y la comprensión del sufrimiento y la esperanza en el mundo. Es profunda y compleja. Ofrece una oportunidad para hablar con nuestros hijos sobre la fe, la libertad y la responsabilidad del ser humano. A través de conversaciones sinceras, historias bíblicas y el ejemplo de los valores cristianos, podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar una relación profunda y sólida con Dios. Recordémosles que Dios nos ama y nos acompaña en todas las situaciones de la vida. Con esta certeza, pueden aprender a conservar su fe y su esperanza a pesar de los desafíos de la vida. 

¿Cómo hablar de ello? 

Sinceridad y explicaciones adaptadas a los niños: En primer lugar, es importante ser sinceros. Los niños perciben rápidamente cuando los adultos evaden el tema o son poco sinceros. Podemos explicarles a nuestros hijos que Dios creó un mundo perfecto, pero que, como las personas tienen voluntad propia, no siempre se tratan bien entre sí. 

La responsabilidad del ser humano: Un aspecto importante que los niños deben comprender es el libre albedrío. Podemos explicarles que Dios no creó a las personas como marionetas, sino como seres autónomos con la capacidad de hacer el bien y el mal. Esta libertad también implica que debemos asumir la responsabilidad de nuestras acciones. A través de nuestros actos y decisiones, podemos contribuir a que otras personas estén mejor. 

Dios siempre está con nosotros: Los niños deben saber que Dios siempre está con nosotros, aunque no siempre podamos entenderlo. Podemos hablarles del amor y el desvelo de Dios, que nos sostienen en los momentos difíciles. Una sencilla oración o la lectura conjunta de la Biblia pueden ayudar a fortalecer esta confianza. 

Esperanza y compasión: Podemos animar a los niños a llevar compasión y esperanza al mundo. Los pequeños gestos de amabilidad y amor al prójimo pueden marcar una gran diferencia. Junto con los niños, podemos buscar formas de hacer el bien como familia o como comunidad, ya sea mediante donativos, colaborando o simplemente con gestos amables en el día a día. De este modo, los niños aprenden que ellos mismos pueden lograr algo positivo y que Dios también obra a través de ellos para hacer el bien. 

Foto: gera85 – stock.adobe.com

Sobre la autora

Maraike Finnern trabaja como profesora y orientadora escolar en una escuela primaria de Hamburgo. Dirige el grupo de trabajo “Niños y Enseñanza” de la Iglesia regional Alemania del Norte y del Este.