Más de 400 hermanos y hermanas se han concentrado este domingo en la comunidad central de Bata, para vivir el Servicio Divino oficiado por el Apóstol Salvador Mitogo Obiang. Durante el Servicio Divino. Tres almas fueron selladas, y fue nombrado un dirigente nacional para la juventud.
La casa de Dios es nuestro deleite
Desde muy temprano empezaban a llegar hermanos y hermanas de las diferentes comunidades de Bata. En un reencuentro fraternal, ellos se alegraron de poder vivir otro encuentro juntos. A su llegada a la comunidad, el Apóstol Salvador Mitogo Obiang fue recibido por el coro de niños de la comunidad central de Bata, quienes cantaron con voces angelicales el himno “Cada día más nos deleita estar en la casa del Señor…”.
Cristo trae la paz, pese al mal tiempo
Para el sermón el Apóstol Salvador sirvió con el texto bíblico de Marcos 6:50-51: “Porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡tened ánimo; yo soy, no temáis! Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento”. En su prédica el Apóstol describió las circunstancias en aquella situación: el mar embravecido por la tormernta, sumada a la oscuridad alrededor, y la frustración de los discípulos, quienes ya se encontraban en la barca, mientras Jesucristo aún seguía en tierra, después de orar en el monte. Aquella adversidad causó miedo en los discipulos que estaban dentro de la barca. Jesucristo se acercó a ellos, caminando sobre las aguas; ellos se reconfortaron con su voz, la paz llegó a sus corazones y el miedo cesó en ellos; Él subió a la barca y calmó la tempestad.
Una vida sin Dios es una vida en oscuridad ...
... explicó el Apóstol. Los dicípulos afrontaron la adversidad en el mar, en medio de una gran oscuridad, mientras que Jesucristo estuvo fuera de la barca en la que ellos se encontraban. La oscuridad es la ausencia de la luz; ella no prevalece sobre la luz. Una vida sin la presencia de Dios es una vida en oscuridad. Es muy frecuente en nuestros dias la actitud de rechazo de la presencia de Dios en las vidas de los seres humanos; el hombre quiere vivir sin Dios. Aquello le conlleva a la oscuridad. La oscuridad por ausencia de Dios no está relacionado con nuestro éxito o fracaso en la vida material; ha habido hombres que han alcanzado un gran poder o grandes riquezas materiales, pero totalmente alejados de Dios. El rey Acap fue un hombre exitoso delante de los hombres, pero lleno de oscuridad por su rechazo a Dios; él renunció a Dios para complacer a su mujer Jesabel, y abrazar sus creencias. Muchos rechazan a Dios por querer complacer a los demás. La juventud se enfrenta constantemente a la presión social y las modas del tiempo, e insconcientemente abandonan los valores cristianos porque parecen no encajar con las tendencias de la temporalidad. Muchos hermanos y hermanas temen la influencia del mal y buscan protección en adivinos y hechicerias. La consulta a los adivinos y hechiceros es también un rechazo a Dios. Las soluciones que adoptamos sin Dios pueden parecernos cómodas y eficaces para nuestra vida en la carne; pero nos llevan a la oscuridad espiritual, y sin paz.
La tormenta del ego envanece el remo y nos tira hacia atrás
Pese a la tormenta, los discípulos en la barca derrochaban grandes esfuerzos en remar, pero su remo parecía inútil. Con Jesucristo ya en la barca, ellos podían remar con menos esfuerzo y conseguir grandes avánces. El viento más fuerte que hoy nos tira hacia atrás y nos impide el avance es el ego. Como hijos de Dios sabemos que el odio y las discordias dificultan la comunión con nuestro prójimo. Es muy triste ver a hermanos de una misma familia no poder saludarse por una discordia; los corazones se vuelven tan duros y se cierran a la reconciliación. A vecez hermanos y hermanas celebran la Santa Cena juntos, mientras sus corazones permanecen distantes. Los discípulos nunca conocieron la calma mientras que Jesucristo permanecía fuera de la barca. No podemos lograr sacar el ego de nuestros corazones si Jesucristo sigue fuera; debemos permitir que Él entre en nuestros corazon y haga morada en ellos, para así hallar paz en nuestras vidas y poder reconciliarnos los unos con los otros.
Jesucristo trae paz en la barca
Después de que se subió Jesucristo a la barca, hubo calma y paz. Es posible que durante la tormenta ya nadie se preocura por su compañero; seguramente cada uno se estaría pensando en su propia seguridad y salvación. Como hijos de Dios, nuestra comunidad es como una gran barca; cuando Jesucristo no es el centro de todo, falta comunión entre los miembros, y la situación se vuelve turbulenta en la comunidad; nadie entonces se preocupa por su prójimo, sino cada uno se centra en sus propios intereses. Con Jesucristo como el centro, reina la paz y la armonía en la comunidad; los hermanos se preocupan los unos por los otros; uno puede incluso conocer el nombre del hermano que se sienta a su lado durante los Servicios Divinos.
Un nuevo líder para la juventud
Durante el el Servicio Divino el Apóstol Salvador Mitogo Obiang nombró al Evangelista de Distrito Cristino Nkogo Obama Alene, como dirigente nacional de la juventud. en su alocución, el Apóstol le recordó al Evangeleista de Distrito que la juventud es el futuro de la Iglesia; ella necesita un cuidado especial. Nuestra juventud afronta unos retos especiales en nuestro tiempo; las tendencias de la actualidad no les permiten acercarse a Jesucristo, y tropiezan constantemente con actitudes que les alejan de Dios. Nuestra juventud necesita a un guía, alguien que les lleve de la mano. Ningún joven debe sentirse abandonado; es también tarea del líder de jóvenes ayudarles a alcanzar la madurez espiritual, a demás de fomentar en ellos el gozo y entusiasmo en la fe. Exhortó el Apóstol al Evangelista de Distrito.
Alegría y gozo en la gran comunidad
A demás de las almas selladas y el nombramiento del líder de la juventud, después del Servicio Divino la comundad se alegró de los once años de bodas del Evangelista de Comunidad Enrique Iyanga y su esposa, la hermana Elena Iyanga, como también de los cumpleaños del Apóstol Salvador Mitogo Obiang, del Anciano de Distrito Ramón Nguba, del Evangelista de Distrito Juan Antonio Abeiñ y del Presbítero Antonio Aló.